Buenas noticias: el bienestar es un comportamiento o actitud que debe cultivarse cada día para que seamos capaces de disfrutar los buenos momentos



  • Qué tendrá la felicidad que es tan fácil detectar a aquellas personas que disfrutan de ella y, lo mismo ocurre, con aquellas que nadan en la dirección contraria y sus sentimientos son tóxicos. Lo cierto es que este deseo no solo procede de nuestra curiosidad, sino que también ha provocado todo tipo deinvestigaciones científicas. Desde la influencia de esta en mantener un matrimonio satisfactorio y duradero, hasta sus efectos en el salario, el trabajo, la salud o, incluso, la economía mundial.

Afortunadamente, la felicidad no es un estado espiritual con un aura mágica que irradia positivismo a diestro y siniestro. Alejados de este misticismo y espectacularidad, la realidad es que la felicidad es un comportamiento, o actitud que debe cultivarse cada día para que seamos capaces de disfrutar los buenos momentos y endulcemos los tragos más amargos. Desde ‘Alternet’ proponen una serie de consejos para trabajar nuestro estado anímico en el día a día.

. Reconocer lo que funciona

Cuando no estamos cómodos con algo, es muy tentador centrarse en lo negativo: lo poco que se gana en el trabajo, lo pequeña que es nuestra casa, lo ruidosos que son los vecinos, lo fría que está últimamente nuestra pareja, etc. Aunque sea más sencillo caer en lo malo, es evidente que esta no es la mejor manera para sentirse más feliz y aliviado. Para evitar este círculo vicioso podemos dedicar todas las noches un ratito a pensar en las cosas buenas que nos han ocurrido e, incluso, apuntar en una hoja tres de ellas. No hace falta que todas sean de un nivel superlativo, no todos los días nos va a tocar la lotería. Tan solo es necesario que nos generen una sensación de bienestar, como escuchar la risa de un ser querido, comer algo que nos guste o disfrutar de un libro que estábamos deseando leer.

Podríamos prescindir durante un tiempo de algunos placeres para disfrutar más cuando podamos acceder a ellos

Otro interesante mecanismo parte de la convivencia con lo que tenemos alrededor. La naturaleza es una poderosa fuente de felicidad. Dar un paseo por el campo o parque que nos quede más cerca, observar la viveza del entorno, oler los árboles, etc., nos ayudará a sentirnos más relajados, cómodos y contentos. Un estudio de las universidades de Rhode Island, Pensilvania y Michigan detectó que aquellos participantes que dedican cada día 20 minutos a este espacio de esparcimiento se sintieron mucho más felices. Lo más positivo es que estos niveles se mantuvieron hasta seis meses después.

Pero si no somos capaces de ver los detalles positivos que ocurren a nuestro alrededor, debemos esforzarnos por encontrar nuevos espacios y actividades que nos causen tal placer. Hacer deporte, meditar, escuchar música, participar en algún voluntariado… Son numerosas y variadas las actividades que pueden ayudarnos a salir de la gris rutina y dar algo de color a nuestra vida.

2. Restringir los pequeños placeres

Es cierto que aunque seamos capaces de detectar lo que nos causa placer, una continua repetición de ello puede causarnos cansancio y aburrimiento. La naturaleza humana tiende a normalizar lo extraordinario si lo repite habitualmente. Si conseguimos éxitos profesionales de manera continuada es posible que acabemos por no valorarlos, si siempre nos compramos el último modelo de móvil probablemente no disfrutemos de este ni de otros caprichos.

Para no caer en errores tan comunes debemos pararnos a pensar de vez en cuando en cómo sería nuestra vida sin estos pequeños lujos que actualmente minusvaloramos. Incluso podríamos prescindir durante un tiempo de algunos placeres para disfrutar más cuando podamos acceder a ellos. De esta manera, si somos amantes del chocolate nos será más placentero consumirlo tras un par de días sin probarlo que si engullimos media tableta en cada comida.

La felicidad no tiene edad. (iStock)

3. Conocerse mejor a sí mismo

Pero la felicidad tampoco se ciñe exclusivamente a los placeres más mundanos. También debemos estar en paz con nosotros mismos y con nuestro interior. En nuestra ajetreada vida repleta de obligaciones no es sencillo dedicar el tiempo necesario para reflexionar sobre dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Es esencial saber lo que es importante para nosotros… y cuidarlo.

Debemos partir de la premisa de que no somos perfectos, de que tenemos puntos débiles y de que hemos de aprender a convivir con ellos

Buscar el significado de nuestra vida es un refuerzo esencial para afrontar cada día. Un estudio de la Colorado State University propuso una serie de ejercicios reflexivos a sus participantes y aquellos que los completaron reportaron al final del experimento más emociones positivas y mayor satisfacción. Otra investigación, encabezada por los profesores de la universidad de Missouri-Columbia y la de California Kennon M. Sheldon ySonja Lyunomirsky, propuso a sus participantes que durante dos semanas apuntaran cada día sus mejores propósitos y, tras el estudio, los resultados positivos siguieron siendo visibles hasta un mes después. Con estas dinámicas podemos marcarnos nuestros objetivos y centrarnos en lo que realmente nos importa. Eso sí, los proyectos y las metas marcadas deben ser realistas para ver el resultado y no frustrarnos más de lo debido.

4. Disfrutar de nuestros puntos fuertes

Debemos partir de la premisa de que no somos perfectos, de que tenemos puntos débiles y de que hemos de aprender a convivir con ellos sin obsesionarnos. Pero también debemos ser conscientes de que tener debilidades significa que también disponemos de fortalezas y saber cuáles son es un punto de partida para conocernos mejor a nosotros, sacarnos el máximo partido y ser más prácticos en nuestro día a día. Aprovecharlos para convertirlos en actos que sean beneficiosos para nosotros mismos y para nuestro entorno nos servirá para sentirnos con más confianza. Sobre todo si cada semana somos capaces de apuntar y sintetizar aquellas experiencias positivas.

5. Conectar con el resto

La gran conclusión de la novela y película 'Hacia rutas salvajes' es que la felicidad no es tal si no es compartida. Volcarnos solo en nosotros mismos nos alejará del resto y nos convertirá en personas más hurañas y egoístas. En cambio, ayudar a las personas de nuestro entorno, hacer sentirse queridos a nuestros familiares, cuidar a nuestros hijos o colaborar con nuestros compañeros de trabajo no solo será de ayuda para ellos, sino que también incidirá en nuestro estado anímico.

Esta bondad no tiene por qué, ni debe, basarse en regalos materiales o actos extravagantes, vale simplemente con pequeños actos que sean visibles. La influencia de nuestras actuaciones filantrópicas también ha sido materia de estudio científico. Los profesores Elizabeth Dunn Michael Norton han llegado a la conclusión de que ser más generosos no tiene por qué hacernos sentir más felices. También detectaron que los participantes de su estudio se sentían más realizados cuando en un único día realizaban varios favores, en comparación a si colaboraban menos con el resto durante una jornada, pero de manera más continuada durante la semana.

Este estudio nos ofrece, por tanto, la posibilidad de ser bondadosos de manera deliberada: elegir un día a la semana, buscar oportunidades para actuar correctamente y evaluar el impacto que han tenido nuestros actos. Suena un tanto oportunista, y quizá lo sea, pero no hay nada de malo en alimentar algo nuestro ego si además colaboramos y ayudamos al resto. El ser más generoso de lo habitual durante un día no implica que nos tengamos que comportar como cretinos durante el resto de la semana.





Publicado: 8 de Abril de 2016